La expresión anglosajona 'scoop' significa, en argot periodístico, algo así como «primicia», «exclusiva» o «noticia bomba». Es, como la trufa blanca, cara y difícil de conseguir. Incluso hay quien piensa que, como aquella, nunca se labora sino que se recolecta.
El pasado domingo, 30 de noviembre, uno de los recolectores de exclusivas más acreditados del pueblo, EL PAÍS, nos ofreció, en portada y a cinco columnas, una trufa de primera clase:
Apoyaba la noticia con la copia del documento 3329/02 del Ministerio de AA EE de España, clasificado como “muy secreto”, en el que se contenían los detalles del suceso.
Esta noticia y sus implicaciones tendrán, ya lo están teniendo, un profundo impacto en la política española. Puede incluso que su repercusión desborde ese terreno y recale en el de la justicia. Pero no es ese el tema, al menos por hoy.
Tal vez esta sea una oportunidad para obtener un retrato a vuelapluma del periodismo español. Veamos hasta qué punto siguen unos y otros el manual del bien hacer periodístico. Desde esa óptica, analicemos lo ocurrido.
EL PAÍS se apunta un jonrón. Batea la pelota de tal manera que gana la carrera. Es un periódico de referencia y es por eso que recolecta la trufa. Quien filtra es quien elige, por su condición de referente, al agraciado con la filtración, y este, si habitualmente recibe filtraciones de interés se convierte en referente. Circularidad, se llama la figura.
Lo publica en domingo. Como no es un suceso que acabe de ocurrir puede uno elegir el momento y el domingo es el día perfecto. Muchos más lectores dispuestos a efectuar una lectura reposada del tema y con los rivales -vacías sus redacciones dominicales– absolutamente fuera de juego. Y te aseguras, además, que al día siguiente, lunes, tu periódico y tu tema estarán sobre la mesa de cualquiera que mande más que un guardia municipal. Por supuesto te resta material que publicar y tienes tiempo para hacerlo. Y para regodearte. Los hados están de tu parte. El manual seguido al pié de la letra.
¿Qué haces, si eres un rival? ¿Sigues el manual? Veámoslo.
En primer lugar, los rivales –considerando tan sólo a los de influencia nacional– forman en tres bloques: 1) la prensa escrita, 2) la versión digital de la prensa escrita, y 3) la prensa exclusivamente digital. El bloque primero es el que tiene peso real pero no puede actuar hasta el día siguiente. El bloque segundo está a la espera de órdenes del primero, por lo cuando habla lo hace por boca de ganso. El bloque tercero, con déficit de reconocimiento social, tiene ante sí una oportunidad de oro para actuar el propio domingo.
Los primeros, mayoritariamente, ordenan a los segundos: “¡Quietos paraos!” Desde la derecha a la extrema derecha, galaxia en la que se encuentran los valedores de Aznar y sus epígonos, no hay reacción ninguna a lo largo del domingo. Y son largos los domingos. Es El Periódico, centrista, quien abre el fuego aunque lo que ofrece no es la noticia sino la reacción del Ministerio de AA EE ante la misma ordenando una investigación. Finalmente es Público, el único ligeramente a la izquierda del arco político-periodístico, quien reproduce la noticia y, como indica el manual del bien hacer, cita a EL PAÍS como fuente de la misma.
El tercer bloque es más curioso. Constituye una mala copia del primero, con lo que su ligereza en el manejo de los datos es ya proverbial. Si aquel es predominantemente de derechas, este lo es abusivamente. Desde su óptica, periódicos como ABC y La Vanguardia, clásicos representantes del más rancio conservadurismo hispánico, son órganos de la FAI. Detallemos su actuación partiendo de la extrema derecha:
· En Libertad Digital, la tribuna de FJL, amalgama de neocons y curas trabucaires, silencio total, tal vez porque el golpe a Aznar les supone un golpe en su propia línea de flotación.
· El Semanal Digital, la marioneta de La Razón para las cuestiones que requieren “desenvoltura”, da la vuelta al calcetín y titula que “EL PAÍS pone en la picota a Aznar”. Pobre Aznar, sobreentendido.
· El Confidencial Digital, de la rama untuosa del Opus Dei, permanece mudo. Absolutamente. ¿Será por la Sra. Botella?
· Periodista Digital comenzó siendo un instrumento para periodistas a los que proporcionaba herramientas y enlaces útiles. Se ha convertido en un vertedero en el que se acumulan todos los desperdicios de la profesión. Actuó como tal. Nada.
· El Imparcial, del ínclito Ansón, por una vez y sin que sirva de precedente, recordó a medias las reglas del oficio y reprodujo la noticia sin alteración aunque olvidó citar la fuente.
· El Confidencial, del mariocondesista Cacho, que aborrece a EL PAÍS y Aznar, pone las dos velas de rigor: “EL PAÍS arremete (ver DRAE)…” en antetítulo y la noticia escueta en el titular.
· La Estrella Digital es un caso curioso. Se quiere de centro y lo hace atrayendo periodistas y políticos que fueron y ya no son. O son bastante menos. En este caso hace un ejercicio meritorio. Supera incluso la cobertura del original, al que cita. De manual.
· Y queda El Plural, el centroizquierda zapateril en acción. Tan a gusto con la idea de que la noticia perjudica a la carcundia, como a disgusto con el hecho de que la explota el que considera el órgano del centroizquierda gonzalesco. La da, pero no cita. Mal.
¿Resumen? El manual del bien hacer periodístico no vale el papel en el que se escribe. Lo usas cuando te favorece y, salvo las excepciones de Público y Estrella Digital, lo ignoras en caso contrario.
En lo que tal vez no reparan los periodistas es en el hecho de que despreciando el manual del bien hacer se desprecian a sí mismos.
Así les va.
